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Fuente de la imagen: Larepublica.pe

Frepap o "los anormales"

He escuchado y participado de burlas sobre el partido con el símbolo del pescado desde que tengo memoria. Esas bromas nunca fueron tan inocentes.

Publicado: 2020-02-02

Los resultados de las elecciones excepcionales al Congreso Peruano del 26 de enero sorprendieron por igual a periodistas, analistas políticos y gran parte de la ciudadanía. Hasta la última encuesta publicada una semana antes de las elecciones, el partido que resultó ser el segundo en preferencia no había dejado la casilla de “otros”. Si todo acabase allí, dos interpretaciones de la sorpresa serían posibles: o el electorado se decidió a último momento (hipótesis defendida, por ejemplo, por Rosa María Palacios), o las encuestadoras y periodistas hicieron mal su trabajo, como sugiere Andrés Edery en esta viñeta de El Comercio:

https://elcomercio.pe/resizer/BqVFcZstSNGt4AlzVq67bDy2qqQ=/980x528/smart/arc-anglerfish-arc2-prod-elcomercio.s3.amazonaws.com/public/N7FK2IUC5FEMPDLJ2R3VBNAETY.jpg

Pero lo llamativo del caso no termina ahí. El problema arrastra un aspecto que se ha llevado la atención de todos: el partido en cuestión es el Frente Popular Agrícola del Perú (Frepap), brazo político de la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal.

He escuchado y participado de burlas sobre el partido con el símbolo del pescado desde que tengo memoria. Aunque la congregación religiosa existía desde los sesentas, el partido era novedad en la década de 1990. Por un lado, la frecuencia de las pintas del pescadito en los muros de Lima contrastaba con la poca acogida que éste tenía entre los electores. De una manera u otra, siempre había alguna pared recordando el símbolo y el nombre del partido que, si tenía suerte, alcanzaba el 2% de electores (en el año 2000 logró tener 2 congresistas que "se vendieron" a Vladimiro Montesinos). Por otra parte, era posible calificar a sus seguidores más notorios como fanáticos religiosos; al menos si se toma en cuenta que consideran a su líder un mesías que resucitará al morir, aseguran que el fin del mundo llegará pronto y que Perú es la tierra elegida. La mezcla de perseverancia ante el fracaso y milenarismo mesiánico cubría al Frepap con una aureola de locura que funcionaba muy bien para el sarcasmo o, simplemente, la burla. Ese humor adaptado al lenguaje actual se tradujo en una ola de memes sobre el Frepap y sus seguidores durante la última campaña. Como desde hace décadas, en los medios de comunicación nadie apostaba por el partido de la familia Ataucusi.

Por eso causó sorpresa su llegada al congreso como la segunda fuerza más importante, con 16 congresistas, detrás de los 25 de Acción Popular, partido mainstream de centroderecha. Y, dada la sorpresa, la ignorancia y la vergüenza de electores informados, periodistas y encuestadoras, la burla dejó el ámbito del humor casual y se convirtió en herramienta para el análisis del voto popular. Si los seguidores del partido del pescado son locos y fanáticos, entonces alrededor del 8% de la población habilitada para votar habría caído en la locura, tras padecer por tanto tiempo a los políticos más cuerdos. Eso, es lo que algunos analistas llaman “voto anti-establishment”.

Sin embargo, hay más de un indicio de racionalidad detrás del voto por Frepap. Especialmente, si se compara con la primera fuerza de los conservadores moderados de Acción Popular (AP).

Mientras que la mayoría de la población despreciaba al Congreso anterior, alentaba su cierre y estuvo de acuerdo con la manera en que se hizo, AP se opuso. Esa misma mayoría le ha dado la espalda a la alianza de facto entre Fujimorismo y Aprismo, pero las cabezas visibles de AP actúan de manera contraria: Alfredo Barnechea manifestó su cercanía al APRA con un discurso ante el ataúd de Alan García, y el excongresista García Belaunde jugó en pared en más de una ocasión con los fujimoristas del Congreso. En definitiva, mientras que el trabajo misionero ha llevado a Frepap a tener bases, historia y propuestas concretas, AP parece un partido en alquiler. Son síntomas de ello las posturas radicalmente opuestas de Lescano y García Belaunde, la invitación de candidatos externos para las presidenciales (Barnechea) y municipales (Muñoz), y la campaña casi anónima de los congresistas elegidos para este nuevo periodo. Si se compara las declaraciones sobre Odebrecht, la inmunidad parlamentaria o el cierre del congreso, AP se muestra como un partido esquizoide.

Si la racionalidad en estos casos consiste en seguir una conducta coherente con las acciones pasadas, los objetivos planteados, y las creencias explícitas, votar por Frepap es más racional que votar por AP. Por otro lado, si el fanatismo del Frepap reside solamente en su religiosidad declarada, habría que considerar “fanáticas” buena parte de las prácticas políticas peruanas. En el Perú convivimos desde hace mucho con el pensamiento mítico, y aceptamos su desborde hacia el ámbito público. RPP le brindaba un espacio radial al sacerdote fundamentalista Juan Luis Cipriani; presidente y ministros van a misa (teletransmitida) en fiestas patrias; capillas y grutas invaden edificios públicos, plazas y parques (algunas pagadas con el dinero de impuestos), y políticos usan argumentos religiosos en las discusiones sobre salud reproductiva y derechos civiles.

Entonces, ¿en qué consiste la “locura” del Frepap? Pareciera que en su diferencia: la apariencia de sus candidatos y seguidores, así como la heterodoxia de su cristianismo. Los trajes, barbas, velos y cabellos largos, rigurosamente observados por sus creyentes, llaman la atención del resto y fortalecen la idea de que se trata de un grupo cerrado y que éste es ajeno, potencialmente enemigo. Por otra parte, aunque el texto teológico de base de esta congregación es una versión del Antiguo Testamento, su separación de las religiones más establecidas la desplaza a la categoría de las sectas: serán cercanos, pero no son tantos, no tienen suficiente historia ni poder, ni han demostrado su asimilación de las prácticas más estandarizadas en nuestra sociedad. No califican aún como una religión.

Si estos son los prejuicios que operan detrás del rechazo del Frepap, estaríamos, entonces, ante un caso de discriminación e intolerancia religiosa. Pero otro argumento, más complejo, es posible. Según éste, no serían fanáticos debido a sus prácticas religiosas ni a su vestimenta alternativa, su fanatismo consiste en la interpretación literal de textos sagrados y en su anticientíficismo. Las religiones que se adaptan a la Ilustración no caerían en los mismos defectos. Es decir, sería menos peligroso convivir con un Partido Popular Cristiano (de confesión católica) que con un partido de otra confesión, menos "moderna". Aunque sea más sofisticada, esta interpretación también está sujeta a una mirada relativa. En primer lugar, no es verdad que las religiones más grandes rechacen toda creencia que compita con los descubrimientos de las ciencias empíricas. De esto se sigue que aquello que puede ser interpretado literalmente (la transubstanciación por la consagración del pan, para los católicos) y aquello que no (el sacrificio de animales para la complacencia de dios, para los neo-israelitas) sea una cuestión de poder.

No podemos olvidar, finalmente, que todas estas objeciones se azuzan por otros prejuicios que, aún pasivamente, siguen siendo comunes en la sociedad peruana: no hay blancos ni ricos en el Frepap (1). Es un partido “popular”, en ese otro sentido que todavía aterroriza a algunxs peruanxs. En una sociedad racista, las características físicas de los miembros de un grupo impiden, aún más, la aceptación de sus prácticas cuando estas no son las de la norma. Por eso, algunos periodistas comparan al Frepap con el Etnocacerismo. Lo único que los reúne es que no ordenan sus prioridades según los criterios del neoliberalismo y que sus militantes son marrones y pobres.

No celebraría jamás la elección al Congreso de un grupo explícitamente teocrático. Pero no puede ocultarse la estrechez ideológica y la intolerancia religiosa detrás de un pretendido liberalismo secular. No olvidemos que la institucionalidad que supuestamente defienden algunos "liberales" en el Perú es aquella donde congresistas, ministros, alcaldes y presidentes todavía juramentan sus cargos ante una biblia y un crucifijo. Antes que defender la neutralidad religiosa del Estado, aquellos parecen querer conservar el privilegio de uno de los cristianismos.




(1) Se rumorea que la cúpula del Frepap se ha enriquecido con dinero del narcotráfico y los diezmos. Eso no afecta este argumento.


Escrito por

Rodrigo Yllaric

La Libertad, 1990. Humano polícromo. Doctorando en filosofía de la UAH (Chile) y la UniKöln (Alemania). Editor de filosofia-afilada.org


Publicado en

Color Humano

y en este todo-nada de espejos / ser de madera / y sentir en lo negro / hachazos de tiempo