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Contagio social: Guerra de clases microbiológica en China

Resumen y descarga libre del ensayo del colectivo Chuâng

Publicado: 2020-04-16
“Wuhan es conocida coloquialmente como uno de los ‘cuatro hornos’ (四大火炉) de China por su verano húmedo, caluroso y opresivo (…). Su paisaje está repleto de altos hornos de enfriamiento lento de las restantes fundiciones de hierro y acero de propiedad estatal, ahora plagado de sobreproducción y obligado a un nuevo y polémico proceso de reducción, privatización y protestas de gran envergadura” (p. 15)

Así inicia el excitante ensayo que el colectivo anticapitalista chino Chuâng publicó originalmente en chino e inglés el 26 de febrero de 2020, y que ha sido traducido al castellano y publicado a fines de marzo de 2020 por la editorial argentina Lazo. El ensayo busca explicar el fenómeno Covid-19 desde la relación entre biología e industrialización capitalista, su historia, su impacto en la clase trabajadora y la respuesta estatal puesta en marcha. Si bien la perspectiva es global, el artículo tiene a China como centro de sus reflexiones.

Wuhan, una ciudad productora de materiales para la construcción, central por su producción de acero y concreto (“esencialmente la capital de la construcción de China”, p. 15), ha saltado a la fama mundial por ser el presunto epicentro de la epidemia de Covid-19. Como el ensayo indica, dos hipótesis la vinculan prejuiciada e ignorantemente con el origen del virus: la hipótesis de una creación de laboratorio (en el Instituto de Virología de Wuhan), y la hipótesis de la “inmundicia” china y el consumo de carne de animales salvajes. Ambas hipótesis son alimentadas por una mirada orientalista.

Incluso quienes refutan las lecturas basadas en dichas hipótesis no han dedicado suficiente tiempo a develar las causas que subyacen al surgimiento y evolución de la epidemia. Chuâng, en cambio, se enfoca en cómo se producen y distribuyen las enfermedades, prestando atención a la intersección de biología y economía:

“Por supuesto que el capitalismo es culpable, pero ¿cómo se interrelaciona exactamente la esfera socioeconómica con la biológica, y qué tipo de lecciones más profundas se podrían sacar de toda esa experiencia?” (p. 19)

Para Chuâng, la naturaleza, a nivel macro y microbiológico, no es ajena a las formas de producción. Las epidemias no ocurren por azar, como un desastre natural cualquiera, tampoco por las prácticas culturales de los pobres consideradas “sucias”. El ensayo de Chuâng demuestra cómo éstas son provocadas por condiciones de producción definidas.

La interrelación de modos de producción y organismos vivos determina la propagación de esta epidemia. Al tratarse de una zoonosis, es decir, una enfermedad que se transmite de animales a humanos, a su base se encuentra la expansión de la agricultura industrializada y el desplazamiento progresivo de las zonas “salvajes”. Esta idea ha sido explorada por el biólogo Robert Wallace, en su libro de 2016, Big farms make big flu.

Wallace ha estudiado la manera en que los virus evolucionan empujados por el ritmo y la mecánica de la industrialización agrícola. En corto, la expansión de la industrialización agrícola rompe con el aislamiento de ciertas cepas virales, las coloca en ámbitos de amplia difusión y estimula la adaptación veloz del virus:

“En términos absolutos, parecería que el desarrollo de cepas más virulentas tendría el efecto contrario, ya que matar tempranamente al huésped da menos tiempo para que el virus se propague. (…) Pero en determinados entornos, la lógica opuesta tiene mucho más sentido: cuando un virus tiene numerosos huéspedes de la misma especie en estrecha proximidad, y especialmente cuando estos huéspedes pueden tener ya ciclos de vida acortados, el aumento de la virulencia se convierte en una ventaja evolutiva.” (pp. 23-24)

Es decir, el corto tiempo de vida de los animales criados para consumo beneficia a los virus que alcanzan más rápido el umbral de transmisión. La selección favorece a las cepas más virulentas, pues la industria animal se basa en la exterminación rápida de sus lotes. A ello se añade el que, según Wallace, el monocultivo genético debilita las defensas inmunológicas capaces de frenar la transmisión de virus y el hacinamiento de los animales facilita la transmisión del virus. Al mismo tiempo, la expansión del capitalismo hacia zonas relativamente aisladas del país empuja a las personas a interactuar con ecosistemas que contienen amenazas en potencia, mientras estimula el ingreso de carne “salvaje” en el circuito comercial mundial:

“las zonas ‘salvajes’ son en realidad inmanentes a esta economía mundial tanto en el sentido abstracto de dependencia del clima y los ecosistemas conexos como en el sentido directo de estar conectados a esas mismas cadenas de valor mundiales.” (p. 42)

Si en la biología se encuentra la explicación del rol de la industrialización, la historia confirma el vínculo entre imperialismo capitalista y epidemias. El ensayo identifica las epidemias que han marcado el mundo capitalista desde el siglo 18, pasando por la “gripe española” (1918), hasta las más recientes gripe aviar y peste porcina. Ambos elementos muestran que “no hay nada exclusivamente chino en el brote de coronavirus. Las explicaciones de por qué tantas epidemias parecen surgir en China no son culturales: se trata de una cuestión de geografía económica.” (p. 29)

La mayoría de los medios e intelectuales tiende a explicar las crisis ambientales y de salud como acontecimientos aislados y arbitrarios impredecibles. El ensayo de Chuâng demuestra, más bien, que estas crisis son recurrentes y que tienen una base estructural en nuestros modos de producción. A ello se añade la situación precaria de lxs obrerxs, más vulnerables que el resto de la población. El caso chino no es tan diferente del “mundo occidental”. Como señalan lxs autorxs, el crecimiento económico chino ha sido acompañado de una inversión mínima en salud y educación (si se contrasta con el gasto público en infraestructura que sirve a la producción):

“una combinación de abandono y privatización ha degradado sustancialmente este sistema al mismo tiempo que la rápida urbanización y la producción industrial no regulada de artículos domésticos y alimentos ha hecho aún más fuerte la necesidad de una atención sanitaria generalizada, por no hablar de los reglamentos sobre alimentos, medicamentos y seguridad.” (p. 36)

Además del bajo gasto en salud (323 USD per cápita, según la OMS, la mitad de lo que invierten Brasil o Bulgaria), lxs ciudadanxs “migrantes” (chinxs que dejan su residencia permanente para buscar trabajo de obrerxs en los centros industriales) se encuentran expuestos al perder la seguridad social que sólo se les brinda en su propia ciudad. Todo ello facilita el surgimiento de una epidemia.

Durante el mes de febrero, el Estado chino reaccionó poniendo en marcha mecanismos de contención y represión. Para el colectivo Chuâng, ello ha puesto en evidencia la incapacidad de dicho Estado para mantener el control sobre la totalidad de sus provincias. El Estado central, “al carecer de estructuras de mando formales y eficaces que se extiendan hasta el nivel local, debe basarse en una combinación de llamamientos ampliamente difundidos para que los funcionarios y los ciudadanos locales se movilicen y una serie de castigos a posteriori para los que peor respondan” (pp. 49-50).

Hoy, esto es notorio para lxs ciudadanxs chinxs enfurecidos contra la burocracia de su Estado, según Chuâng. Con la mira puesta en una insurrección global, el colectivo advierte que “es notable que el gobierno central solo tenga la capacidad de proporcionar una coordinación eficaz en el epicentro de Hubei y que sus respuestas en otras provincias (…) sigan siendo en gran medida descoordinadas y desesperadas.” (p. 59) Pero la debilidad es también una amenaza: el Estado fallido reacciona con mayor represión, y cada crisis mundial es una nueva justificación para la ampliación del control: “la respuesta a esas crisis funcionará cada vez más como una oportunidad para ejercer nuevas herramientas no probadas para la contrainsurgencia.” (p. 60)

Según el propio colectivo, las publicaciones de Chuâng tienen por objetivo analizar “el desarrollo actual del capitalismo en China, sus raíces históricas, y las revueltas de quienes son aplastados bajo él.” (p. 13) Contra las lecturas más difundidas en la prensa “occidental”, esta mirada tiene varias ventajas. Rompe con el prejuicio del “azar” de la epidemia, así como con la mirada orientalista sobre las prácticas culturales chinas. Ambas perspectivas son fundamentales, pues la última retrasó la reacción de los países “occidentales”, y el primero impide la anticipación de crisis futuras. En cambio, el ensayo de Chuâng combina elementos de biología, geografía, economía y sociología en su análisis. Lejos de ser un trabajo puramente especulativo (como muchos de los que leemos hoy en día), los argumentos de Chuâng se apoyan en fuentes científicas y en su conocimiento directo de la realidad china. Ello hace del texto un análisis riguroso, que muestra cómo la interpretación anticapitalista que no tiene soporte en las ciencias es ciega y que una lectura ecologista sin mirada económica es ingenua y reproductora de prejuicios.

(Aquí puedes descargar gratuitamente el texto completo en castellano).


Escrito por

Rodrigo Yllaric

La Libertad, 1990. Humano polícromo. Doctorando en filosofía de la UAH (Chile) y la UniKöln (Alemania). Editor de filosofia-afilada.org


Publicado en

Color Humano

y en este todo-nada de espejos / ser de madera / y sentir en lo negro / hachazos de tiempo